De lo mucho que no entiendo de la cosa educativa, en particular, ni de la vida, en general.
domingo, 18 de noviembre de 2012
Oigo en una emisora hace unos días que dice alguna de las muchas asociaciones de padres: "los docentes deben implicarse más, formarse más".
Esta docente anda metida en los siguientes berenjenales:
-Proyecto Escuela: Espacio de Paz.
.Aula de Convivencia del centro.
.Grupo de trabajo sobre la enseñanza por ámbitos en 1º y 2º de ESO.
.Grupo de trabajo para la Feria de las Ciencias.
.Proyecto de la Biblioteca del centro.
.Estudio 2º año de Italiano en la Escuela Oficial de Idiomas.
.Soy miembro del Consejo Escolar.
.Me ocupo de un proyecto solidario de recogida de tapones de plástico para un niño que lo necesita.
Y, además, estoy ayudando a título personal a los chavales de 4º de ESO a que organicen un viaje de fin de curso.
Cuando puedo, además, doy clase.
Y como yo, muchos.
Iba a hacer una entrada acerca de la vuelta al cole (El Corte Inglés me pone mala, mala estos días), pero es que acabo de escuchar un debate en Intereconomía acerca de la situación de los docentes en Madrid con las reformas que se les vienen encima. No entro en lo que me parecen las medidas (hay algunas que me gustan y otras que no), pero es que, una vez más, me he puesto negra. Y así sigo.
Estoy harta de escuchar lo poco que trabajamos los profesores. Y antes de que nadie me acuse de victimista y me diga que trabaje en otra cosa, quiero aclarar algunos puntos.
Reconozco que soy una privilegiada. Pero no por tener un puesto de trabajo fijo que me he ganado a pulso; no me ha tocado en ninguna rifa (lo recuerdo porque creo que hay personas que piensan que esto nos ha caído del cielo). Ha supuesto muchos, muchos sacrificios económicos y en mi vida social durante cuatro años de mi vida. Y yo he tenido suerte. Hay gente que pasa muchos más años peleando con las oposiciones. Quien crea que vivo muy bien y tengo muchas vacaciones, que oposite, que las oposiciones son públicas.
Tampoco me considero privilegiada por mi jornada laboral de 30 horas semanales. No son 18 ni 20 (esas son lectivas, de cara a los alumnos), son 30. Lo sé, no son cuarenta ni ochenta como he leído a algún guardia de seguridad en algunos de los comentarios que han dejado en el programa. Pues lo siento mucho, pero me encantaría que algunos de estos que tanto protestan se metieran un día entero, ya no digo las seis horas, tres, tres horas seguidas en cursos como, no sé, 2º de ESO, por ejemplo. Sé que no estoy en una mina ni levantando un edificio, pero, señores, créanme, el día que tengo tres clases seguidas (o seis) salgo como si me hubiesen dado una paliza: me duele el cuello, la espalda, la cabeza y de hablar, ni mu, porque tengo la garganta y los nervios destrozados muchas veces. No digo que sufra más que nadie, pero tampoco menos. No es fácil.
Tampoco me considero privilegiada por mis vacaciones. Sí, tengo dos meses seguidos y Navidades y Semana Santa y puentes y demás. ¿Saben cómo me paso la mayoría del tiempo de esas vacaciones? Trabajando. O con cosas relacionadas con el trabajo en la cabeza. Y como yo, el 90% de los docentes que conozco, por suerte. Todas las horas que la gente cree que tengo "de más" durante mis vacaciones, me las debe la Administración de mis tardes y mis fines de semana, que también me paso trabajando, preparando clases y materiales, corrigiendo, haciendo cursos, estudiando idiomas, acudiendo a evaluaciones, claustros, reuniones con padres. Yo no ficho a las dos y media, me voy a mi casa y desconecto. Cuando salgo del centro, me queda, al menos, otro 30% del trabajo por hacer en casa. Pero por si hay alguien que me sigue envidiando las vacaciones, insisto: que oposite para vivir "tan bien" como yo.
No sé lo que es que me paguen ninguna de las muchas horas extra que le echo a esto ni que me las reconozcan de ninguna manera (días libres, asuntos propios...).
Me considero privilegiada porque, a pesar de todo esto, puedo decir con la cabeza bien alta que me dedico a lo que quiero. Y que me gusta, que no quiero hacer otra cosa por más que la administración no haga más que putearnos (porque esa es la palabra) y por más que mucha gente se dedique a señalarnos y a atacarnos a la yugular (es lo que ha pasado esta noche en el programa) a la mínima de cambio.
Insisto: si siguen pensando que vivo mejor que nadie, ya saben, opositen a profesores de Secundaria. Y luego hablamos. Igual, hasta echan de menos su anterior trabajo.
Llevo un par de meses viendo con los chavales los mitos y la epopeya. Les he puesto películas, hemos hablado de los mitos que conocen, hemos trabajado la relación de Hércules con Sevilla... En fin, que creía que me habían quedado unas clases bastante chulas, interactivas, en las que los alumnos habían participado activamente en su propio proceso de aprendizaje (tal y como les gusta a los Santos Padres de la LOGSE). Bueno, este es el fruto de las actividades chuliguays y la ausencia de estudio por parte de los alumnos en su casa:
¿Por qué fue famoso Ulises?
Porque fue el que dijo que contruyeran un caballo de madera.
Porque fue científico. Nobel ya, por favor.
Porque fue el que raptó a Helena de Troya.
Lo cual es incompatible con esta respuesta a otra de las preguntas del examen:
¿Cómo comenzó la guerra de Troya?
Porque secuestraron a la sobrina de Ulises.
Que los griegos pusieron un muro pesado i hicieron una muralla.
Porque los griegos raltarón a la mujer del Príncipe de Grecia.
Enjambrar con flechas.???
¿Qué idea le da Atenea a Ulises?
De prender fuego a la ciudad y salir corriendo.
Define "mito":
Los mitos son narraciones contadas oralmente. Las cuentan los dioses y los seres sobrehumanos.
Los mitos están protagonizados por dioses y a veces por "sobrehumanos".
Explica un mito de tu elección:
El mito del minitauro.
Afrodita ha tenido dos hijos un día su marido la sorprendió porque estaba enamorado de otro. ¿¿??
Como colofón, os diré que en el libro de texto hay una foto con un busto de Homero junto a un fragmento de la Ilíada, con su correspondiente pie de foto. Cuando pregunto qué obra clásica de la Antigüedad se basa en la guerra de Troya y quién fue su autor, la respuesta es esta:
Busto de Homero autor de la Llada (estatua).
miércoles, 6 de abril de 2011
Leo que Esperanza Aguirre ha propuesto la creación de un Bachilerato de élite para alumnos cuya media en la E.S.O. sea de un 8 o más. Por fin. Y hoy leo esto: gente llevándose las manos a la cabeza y esgrimiendo conceptos como "convivencia" y "guetos" para tirar por tierra lo que me parece una idea excelente y valiente. Cualquiera que conozca "la cosa docente" desde el interior sabe que la LOGSE, en lo que respecta a la integración propone cosas interesantes, pero sólo en la teoría. Luego faltan los medios. Faltan profesores de apoyo, faltan monitores y te encuentras dando clase a primeros de E.S.O. con 6 niños (yo los he tenido) de necesidades educativas especiales y otros 20 que se supone que pueden seguir un ritmo "normal". En una hora de clase. Eso, desde todo punto de vista, es imposible de sacar adelante.
Al final, lo que ocurre es que a los alumnos de necesidades educativas especiales les dedicas cinco, diez minutos de la clase. Lo justo para indicarles las tareas que tienen que hacer y repasarlas un poco si el desarrollo de la clase te lo permite, que en el 80% de los casos es que no. Salen perdiendo.
El resto, mientras tú estás con los alumnos de necesidades educativas especiales, aprovecha para liarla, con lo cual, no estás ni con unos ni con otros. Salen perdiendo.
Otros, los pocos que tienen interés, asisten al espectáculo esperando poder aprender algo en la clase de cada día. Si da tiempo. Salen perdiendo.
Todo esto en virtud de uno de los pilares de la LOGSE: la atención a la diversidad (que ya digo que, en teoría, estupenda; en realidad, deficiente por la falta de medios). Y bueno, si hay que atender a la diversidad y darle a cada alumno lo que necesite ¿por qué siempre se iguala por debajo? Porque en la escuela pública, y lamento decirlo, hay un montón de buenos alumnos que se están echando a perder, como la fruta madura en el árbol. No se les saca todo el partido, no se explotan al máximo sus cualidades porque pasamos tanto tiempo haciendo otro tipo de adaptaciones (ACIS, fichas, poniendo orden...) que no tenemos tiempo para ellos. ¿Quién vela por esos alumnos que podrían salir de la mediocridad si se puediera trabajar con ellos de otra forma, si tuvieran otro ambiente en clase? Salen adelante, claro, pero perjudicados. Es como si tienes un deportivo y lo pones sólo a 60 por hora. ¿Funciona? Claro, porque circula. Pero no es para lo que está hecho.
¿Guetos? Hombre, por favor, ya está bien de contradecirse. Si hay que dar a cada alumno lo que necesita, pues se le da. Peroa todos. ¿O es que acaso hay otros intereses? Porque cualquiera diría, pensando un poquito mal, que lo que se busca es que la mediocridad sea el sello de toda un generación. O de varias.
Soy consciente de que el 95% de la gente nunca entenderá la dureza de mi trabajo. No digo con esto que sea más o menos duro que otros, que cada cual tiene lo suyo y yo me dedico a esto porque quiero. Pero muchas personas piensan que lo mío es un regalo del cielo, que no estoy con el pico en una mina y que tengo muchas vacaciones. Hace dos días salí del instituto como si me hubiesen zarandeado y golpeado todo el cuerpo.
Este jueves pasado, acabé mis clases a las dos y media. Seis horas de clase (entre primeros y segundos de ESO) y la media hora del recreo esperando a unos padres con los que había concertado una entrevista y que me saltaron a la torera y aprovecharon que pasaba por allí el Jefe de Estudios para hablar de su problema con él sin decirme ni mu. Por supuesto, no he recibido ninguna llamada por parte de estos padres para aclararme el porqué del plantón. Estas dos últimas semanas han sido tres los padres que han concertado cita conmigo por la tarde y no se han presentado. No han llamado para cancelar la cita ni me han presentado ningún tipo de excusas por no haber acudido. Y luego, nos quejamos de los niños.
El caso es que mientras iba conduciendo de vuelta a casa, noté que no iba demasiado recta por la carretera. Me dolía el cuello y, es más, empecé a escuchar un zumbido extraño que atribuí a alguna interferencia con la radio. Le quité el volumen al equipo y resultó que el zumbido persistía. Dentro de mi cabeza. Y me acordé especialmente de la clase que había tenido a sexta hora: llego a clase y les pido que ordenen las mesas ya que las han empujado y puesto como les ha dado la gana en los escasos tres minutos que han tenido desde el final de la clase anterior. Cuando han terminado de colocarlas, ya he perdido diez minutos de clase y he tenido que mediar en tres o cuatro discusiones acerca de dónde se sentaba cada uno (cuando tienen una plantilla y un orden de clase ya estipulado por la tutora). Les digo que se sienten según ese esquema. Otro rato perdido. Mientras la mayoría va colocándose en su sitio (a grito pelao), tengo a cuatro alumnos en mi mesa hablándome al mismo tiempo de diversos temas: qué nota les voy a poner (la semana que viene son las evaluaciones), sustracciones varias, otro preguntándome si quiero una estampita del patrón del pueblo y dos más poniéndome excusas por no haber hecho la tarea que toca. Les pido que se sienten y que luego me pregunten por turno. Ni caso. No sé si lo habéis experimentado alguna vez, pero que cinco personas a la vez reclamen tu atención a grito pelao mientras tienes de fondo el ruido de las mesas y las sillas arrastrándose por toda la clase, provoca un cortocircuito mental considerable. Eso es solo el principio: no respetan el turno de palabra, se interrumpen, se insultan, se meten en problemas que ni les van ni les vienen... Y todos los días se te va la hora y, con suerte, has podido explicar algo de tu materia. El resto de la hora lo has pasado recordándoles cosas muy básicas, todas relacionadas con algo que muchos de ellos no conocen: el respeto. Hacia los demás y hacia uno mismo, por supuesto.
Lo peor es que no estamos a principios de curso. Lo peor es que todos los días tengo que recordarles las mismas tres o cuatro reglas. No hablo de reglas de acentuación o de presentación de textos (que también), sino de reglas de educación y comportamiento elementales, lo que antes se conocía por urbanidad. Lo peor es que siguen haciendo lo mismo todos los días. Lo peor es que una sale con la sensación de que nada de lo que hace sirve para algo. Y así, todos los días.
Por más que una lleve algún año que otro en esto de la docencia, no me canso de la inventiva de estos. Primer examen del año. Segundo de E.S.O. Ruego de antemano perdonen la simplicidad de las preguntas. Aun así, han aprobado tres alumnos en una clase, cinco en otra y siete en el tercer grupo de segundo que tengo.
Pregunta: ¿Quién fue Alfonso X? ¿Con qué sobrenombre era conocido? ¿Por qué fue importante para la consolidación del castellano? Vergüenza me da decirlo, pero esto valía un punto y medio.
Combinando las respuestas de los churumbeles, la biografía de Alfonso X, el Sabio, quedaría así:
"Alfonso décimo, el Sabelotodo, inventó la escritura. Fue un emperador de Roma (aquí hay variantes, otros me dicen que fue rey romano). Fue el primero que dio clases y aprendió (sic), luego se fue a estudiar a Toledo y se convirtió en profesor de la Escuela de Traductores de Toledo. Hizo las universidades y los colegios. El latín no se perdió por él y está en nuestro días (sic también)."
Revolviéndose en su tumba debe andar el insigne rey romano.
Pregunta: ¿Quién escribió la primera Gramática del castellano? ¿En qué año? ¿Qué otros acontecimientos coetáneos (con la debida explicación de la palabra) conoces?
Respuestas:
"En Nebrija, por Ramón". ¿¿¿¿¿?????
"Alfonso X, en 1988". ¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿??????????
Y la mejor:
"Tomas Edison en 1981".
Preguntas de comprensión relacionadas con un texto referente a la Segunda Guerra Mundial, hartamente leído, explicado y debatido (e ignorado, por lo que se ve) en clase:
¿Dónde ocurrieron los hechos? ¿En qué época?
"En Madrid. En 1981" (dale con el añito).
"En Alemania. Cuando gobernaba Jiller. (O Hinler o Jitle)".
"En la Guerra Civil española".
Nombres de los versos según el número de sílabas:
De ocho: octetasílabos, ochocasílabos (para chocarle a él la cabeza con algo).
De once: oncesílabos (la salida más obvia), ondecasílabos. (¿Ónde vas, calamar?)
Y hexetasílabos, sietesílabos, cuatrisílabos, cincosílabos... En fin.
Y en el apartado "más difícil todavía", cito (tenían que escribir una carta a un amigo): "Quiero decirte que el día 31 es el día de waloguin".
Nunca fueron buenas, dicen. Espero que no sea así. Yo vuelvo con la intención de tomarme esto de forma más relajada. Al acotar el nuevo blog a mis anécdotas como docente y poco más, me sentiré menos presionada.
Como veréis, he rescatado algunas entradas de mi antiguo blog e iré incluyendo otras, aunque puede que tarde porque mi nuevo centro es, en líneas generales, un balsa de aceite. Seguro que en cuanto corrija los primeros exámenes hay algo jugoso que colgar.
Siento ponerme así, pero es que estoy que reviento y por algún lado lo tengo que soltar. Este año tengo tres grupos de 4º de ESO. Uno muy bueno (al que me voy a llevar de excursión como merecida recompensa), uno regular, fifty-fifty, y uno pésimo, de tan sólo 13 alumnos y del que soy tutora.
La semana pasada hice exámenes de recuperación del segundo trimestre y, viendo el relajo total que había por parte del personal, les dije que si aprobaban esta recuperación, tendrían aprobado también el primer trimestre. Les puse el examen prontito, lo hice con preguntas de otros exámenes y textos que ya habíamos analizado en clase. Bueno, ni por ésas. Resultados de la recuperación:
4ºA: 3 alumnos han hecho el examen, 2 han aprobado.
4ºB: 15 alumnos han hecho el examen, 0 aprobados (nota máxima, 3,35).
4ºC: de los 9 suspensos, sólo una ha hecho el examen. Y ha suspendido. El resto, me ha entregado el examen en blanco diciéndome, encima, que no me enfadara.
Y me pongo negra cuando hablo con una amiga que también se dedica a esto y me comenta que los inspectores (porque ahora vienen como la Guardia Civil, de dos en dos) van a pedirle toda la documentación, las programaciones de aula y las adaptaciones curriculares pertinentes porque, según ellos, ha suspendido a demasiados alumnos en 3º.
No me gusta victimizar mi profesión, me dedico a la docencia porque quiero y porque, por alguna extraña razón, me gusta. Pero a esto no hay derecho. Cuanto menos hacen ellos, más te presionan y más tienes que hacer tú. ¿Para qué? Para que al final no aguantes la presión, los apruebes a todos por la cara y mejoren las estadísticas, que es lo único que estos asquerosos burócratas les importa. Así que no os engañen: el día que mejoren los resultados oficiales, detrás de cada número no habrá un alumno mejor preparado, sino un profesor enterrado en papeles.
Leyendoen 4º de ESO Las bicicletas son para el verano, aparece la palabra "catedrático". Me pregunta un alumno:
-Maestra, ¿qué es un catedrático? Y todavía no he abierto yo la boca, cuando una alumna apodada "la Mari", suelta: -¿Pues qué va a ser? El que hace las catedrales. Un compañero, riéndose, le pregunta: -Sí, vamos. Y los que hacen las iglesias, ¿cómo se llaman? -Obreros.
Vista la expectación que ha suscitado la revelación de los personajes protagonistas de la entrada anterior, os comento cómo terminó la cosa.
En cuanto llegué el lunes, les dije a los autores del trabajo que quería hablar con ellos. Y mis peores sospechas se confirmaron: resulta que el alumno encargado de hacer esa parte copió directamente de aquí (aunque ellos insistían en que lo habían sacado de la Wikipedia). Llamándose el sitio como se llama, ¿qué podrían esperar? Lo peor es que, por más que le repetía que leyera lo que había puesto, no caía. Y la cara que puso cuando cayó terminó de convencerme de que no lo había hecho con mala intención. "¡Ay, perdona, maestra! ¡Qué vergüenza! Es que estaba harto de copiar...".
El caso es que los cuatro (alumnos ejemplares, os lo aseguro) han suspendido la asignatura y, como era de esperar, las madres han venido a preguntarme el porqué del suspenso. Con enseñarles la letra, los apartados a medio terminar y, por supuesto, los dos personajillos, lo han entendido perfectamente.
Ahora, que el pobre que metió la pata tiene que aguantar que todo el instituto (alguna profesora con muy mala intención se ha dedicado a propagar por el centro el garrafal error) se cachondee de él. Menos mal que el chaval es un buenazo y creo que lo superará.
Llevo todo el fin de semana corrigiendo como una loca, por eso estoy tan ausente del mundo bloguero. El caso es que entre las múltiples cositas que debo corregir están unos trabajos acerca de Don Juan Tenorio, para una asignatura absurda donde las haya que la Junta ha denominado "Proyecto integrado de carácter práctico". En fin, que estos mis alumnos creo que pensaban que, entregándome el trabajo a última hora no me los iba a leer, pero resulta que yo soy de las que sí lee los trabajos. Es más, creo que presto más atención a lo que escriben que ellos mismos. Uno de los grupos, de hecho, ha descubierto una versión de Don Juan con unos personajes del todo desconocidos para los estudiosos y filólogos. Todo un hallazgo.
He aquí la prueba:
Como podéis comprobar en las fotos, al principio no me di cuenta ni yo. De hecho, aparece descrita doña Devora Melano como "una mujer de vida alegre". El alumno, ejemplar donde los haya, creo que ni ha caído en la estupidez que estaba poniendo. O quizás era una trampa para saber si me los leía o no. No sé. En cualquier caso, hablaré con ellos el lunes y por supuesto, me mostraré indignada y ofendida en lo más profundo de mi ser.
Una pena que no pueda decirles lo que me he reído una vez superada la sorpresa inicial.
Acabo de volver del puente, como todos, y ya me ha sacudido en plena cara el estrés de mis 100 alumnos. Tal como llego al centro, me veo sometida a una persecución implacable que puede tener varios fines:
Uno: preguntarme si he corregido ya los exámenes.
Dos: venderme cajas de mantecados.
Tres: venderme papeletas.
Cuatro: aturullarme con líos sentimentales en plan "Física o Química" que, he de reconocerlo, me divierten bastante.
Cinco: el alumno X me exige, indignado, explicaciones de por qué he comprado mantecados al alumno Y.
Seis: excusarse por los pésimos exámenes del Romanticismo que hicieron ("No me ha dado tiempo", "Era muy largo").
Siete: preguntarme (aun sin haber dado las notas todavía) qué tienen que hacer para recuperar el trimestre.
Ocho: mi favorita. Vienen a decirme, directamente, que pasan ya de mi asignatura, porque con la Lengua, ellos "no se atreven". Esta expresión me provocó cierta confusión los primeros días hasta que me la tradujeron y me explicaron que cuando decían "no me atrevo", en realidad, querían decir "no lo sé hacer".
Nueve: volver a preguntarme si he corregido ya los exámenes.
Diez: ofrecerse para hacer cualquier tipo de trabajo que sirva para inflar un poco (o un mucho) la precaria nota.
Once: chantajearme emocionalmente haciéndome reponsable de sus regalos de Reyes. ¡Manda huevos!
Doce: decirme, "Maestra, qué mala cara traes hoy", cosa que, lógicamente, me llega a lo más hondo del corazoncito.
Esto sin contar con un alumno al que le di clase hace tres años y se dedica a recordarme, cada vez que me ve, que mi Betis está en 2ª.
Y lo que más me cabrea: las súplicas, los llantos (hipidos afectadísimos incluidos) y los ataques de histeria ante un examen de 1,5. Sin comentarios.
Todo esto a menos de una semana de poner las notas en el ordenador. Yo, que antes era invisible para ellos (no te ceden el paso, no se partan de las escaleras cuando intentas subir, no apartan los pies de los estrechos pasillos, te empujan, recibes proyectiles ¿que no iban para ti?, etc.), de pronto, soy el centro de su atención, su presa.
En fin, que yo ya no sé dónde meterme en el centro. Creo que un día de estos, me encierro en los servicios y me lío a fumar lo que sea con lo peorcito, a ver si así me relajo.
Y porque, prácticamente, me han echado. Me explico: solicité la portabilidad a Orange porque me daban gratis un móvil que me gusta mucho. "¡Vaya criterio!", diréis. "Pues sí", digo yo. Una es así. Si soy sincera, esperaba que Vodafone me llamara y me hiciera una contraoferta. Total, que me llaman los de Vodafone, me ofrecen el mismo móvil y un 30% de descuento en la factura durante un año. Quedamos en que debo anular la portabilidad por Internet mediante un código que ellos me mandarían vía SMS.
Pues viendo que habían pasado dos días y el SMS no llegaba, llamo, a eso de las 14.10 horas (lo de la hora es importante, no creáis), a Vodafone. Una señorita me atiende y me dice, como si fuera culpa mía que se me ha pasado el plazo para cancelar la portabilidad y (aquí viene lo bueno) que el plazo había expirado a las 14.00 horas. Perpleja, le vuelvo a explicar que han sido ELLOS los que no me han facilitado el código necesario para cancelar la portabilidad y la señora me vuelve a repetir que, sintiéndolo mucho (por mí, se entiende), el día 7 me dan de alta en Orange.
Como la situación me parece surrealista (¿cómo pueden consentir perder a un cliente por pasarse 10 minutos respecto a un plazo del que ni siquiera se le había informado?), vuelvo a llamar, pero a un número diferente, donde me confirman la férrea política de plazos de Vodafone.
Pues nada, me voy a disfrutar de mi móvil a partir del día 7 y de mi tarifa plana de 18.00 a 08.00 horas. Pero sigo sin entenderlo.
...fue más seguro. Ya he hablado alguna vez aquí de que trabajo en Huelva y tengo que ir y venir todos los días (lógicamente) desde hace cuatro años. Hasta ahora, había tenido una suerte inmensa con los compañeros del turno de coche. Este año, nos ha quedado una vacante en el turno (ya te vale, Angelus) y ha sido ocupada por una compañera cuyo nombre no desvelaré, pero que ya se ha ganado el mote de Mary Higgins, Merijigins de aquí en adelante, por el higo (pronúnciese con h aspirada) que tiene. Es una bellísima persona, pero cargante como ella sola. Lo peor no es que sea cargante (que eso va en gustos), sino que su pachorra nos va a llevar a todos a la destrucción. Para muestra, un botón:
El otro día nos cayó un buen chaparrón por la autovía. Uno más de tantos. Bueno, pues para empezar, la moza iba tan aterrada que no pasaba de 70 km/h. Y el resto de coches adelantándonos. Uno de mis compañeros se ofreció para conducir, el otro le recordó que existía una cosa llamada 5ª marcha, pero ella, nada, a lo suyo. A ese ritmo, teníamos claro ya que llegábamos tarde, cosa que no ha ocurrido en 4 años de turno, exceptuando la ocasión en la que atropellamos a un perro suicida que se nos atravesó. El caso es que como éramos pocos, parió la abuela y la señora se dio cuenta de que le quedaban "dos rayitas" de gasolina. "¡Huy! Voy a tener que parar..." Y paró.
Lo que pasó en la gasolinera no tiene nombre. Primero, se queda sentada en el coche, esperando que la atiendan. Vale, la mujer no tenía por qué saber que la estación era de autoservicio. Se lo decimos. Reacción: "¡Huy! Pues no me hace gracia..." Sale del coche. Mira a la derecha. Mira a la izquierda y suelta: "Bueno, a ver, ¿qué hago?" ¿Qué haces? ¿Qué haces? Alma de cántaro, ve y pide, llena o lo que sea, pero haz algo, que no llegamos. Le decimos que se acerque al mostrador y diga qué cantidad quiere repostar. Cuando vuelve, coge la manguera y me da un golpecito en el cristal de la ventana, muy preocupada. "Suntzu, vigila el surtidor a ver que no se pase". ¿Que no se pase? ¡Pero si le has dicho que te eche 30 euros! Cuando llegue a los 30, se corta. Se lo explico estupefacta, flipada y fingiendo una normalidad y calma que estoy muy lejos de sentir. Mientras ella echa la gasolina, uno de mis compañeros está a punto de explotar de la ira ante tanto cuajo y el otro se encomienda a todos los santos porque ve que no llegamos.
Merijigins que sube al coche de nuevo. "¡Ay, perdón! Es que en mi pueblo siempre hay un muchacho para echarte la gasolina". A esas alturas, yo misma me hubiese ofrecido a echarle la gasolina, pero por lo alto. Salimos de la gasolinera. Sigue lloviendo a mares. Al cabo de un cuarto de hora, deja de llover, pero se ve que los charcos tampoco son lo suyo y la moza sigue en cuarta. Mi compañero, desesperado, le insiste en que acelere un poco.
Y en estas estamos cuando vemos que la gente que nos adelanta, empieza a pitarnos y a hacernos señales. Comprobamos las puertas. Nada. De repente, Merijigins exclama:
-¡Ay! ¡Que me he dejado abierto el tapón del depósito!
Llevábamos un cuarto de hora circulando con el tapón abierto porque se ve que Merijigins no se había acordado de cerrarlo y por eso nos pitaban. Un compañero le comenta que eso no puede ser muy bueno y que a lo mejor le ha entrado agua en el depósito. Para colmo, el mismo compañero empieza a hacer comentarios del tipo: "¿Os imagináis que alguien tira una colilla y se cuela por el depósito?" A esas alturas, estamos llorando de la risa, de la desesperación y deseando que alguien, efectivamente, tirase una puñetera colilla y acabase con nuestra agonía.
A todo esto, Merijigins, que ve un coche detenido en el arcén, con su triangulito, y no se le ocurre nada mejor que pararse detrás para cerrar el taponcito de las narices, maniobra que no llegó a ejecutar porque el otro compañero le pegó una voz y le dijo, frenético ya:
-¿Dónde vas? ¿Ahí te vas a parar? ¡Anda y tira ya p'alante!
Entramos en el último tramo de carretera antes del pueblo. Parecía imposible ir más despacio, y aun así, Merijigins redujo la velocidad de 70 a 30 km/h para entrar en el pueblo. La pobre debió de percibir la tensión que se palpaba en el coche y no hacía más que disculparse. Al final, llegamos casi 20 minutos tarde entre pitos y flautas. Y no exagero si os digo que el susto no se nos fue en un par de días. A alguno todavía no se le ha pasado el cabreo.
Para morirse. En serio. Yo no he vivido cosa igual en los días de mi vida.
Llamadme mala persona, escéptica, amargada, sosa, cascarrabias..., lo que queráis. Pero hoy, cuando he leído esto, me he sentido muy feliz.
Llevo algunos meses sufriendo, viendo cómo las barandillas del puente van siendo invadidas por una plaga de candados de parejas que creen sellar así su amor para siempre. Y la llave, al río, como si no tuviera bastante porquería ya en sus aguas. Que me acuerdo del señor Moccia y me pongo mala.
Cosas de la vida: llega un operario del ayuntamiento con un soplete y, el candado, a tomar por saco.
La entrada de hoy iba a versar sobre el reparto de asignaturas en mi Departamento. Pero mi vida se ha visto alterada, como la de tantos otros, por culpa de la gripe A. No, no estoy infectada, aunque traigo una inflamación y ardores testiculares de impresión (y eso que carezco de dichas gónadas). Como sabéis la mayoría, vivo en Sevilla, pero trabajo en un instituto de una localidad cercana a Huelva. Voy y vengo cada día como mucha gente, ojo, que no me estoy haciendo la mártir. Pero es un coñazo, para qué nos vamos a engañar. Y cansa. Hoy tenía la presentación de mi tutoría a las 10.30 y podría haber vuelto a mi casita una hora después si no fuera porque teníamos a las seis de la tarde una reunión informativa sobre la gripe A. Total, que mato el tiempo como puedo haciendo programaciones y papeleo (que eso nunca falla) y nos quedamos unos cuantos a comer en Huelva. Aparte del dinero que me he tenido que gastar en la comidita (mañana voy al sitio de siempre y arreando, que tienen menú por 7,50 euros) resulta que cuando llegamos al centro, la reunión consiste en que dos señoras muy simpáticas a las que no las culpo de nada porque cumplen con su trabajo vienen con una presentación en Power Point muy coeducativa (con sus "profesores y profesoras" y "alumnos y alumnas") y nos dicen lo siguiente:
-Que debemos extremar las medidas de higiene. Yo no sé qué costumbres higiénicas creen que tenemos, pero vamos, las normales (te lavas las manos de vez en cuando a lo largo de la mañana) bastan.
-Que sería conveniente que limpiásemos las mesas con más frecuencia. Pues señoras, o les suben el sueldo a las limpiadoras o ya me dirán, porque si además de dar clase, pasar lista y domar fieras pretenden que vaya limpiando las mesas, van listas.
-Que nosotros, en realidad, no tenemos que hacer nada, excepto llamar a los padres de los niños que tienen síntomas para que vengan a recogerlos. Que si no vienen, les pasemos a una sala y los vigilemos hasta que los recojan. Ante la pregunta: "¿Cómo podemos distinguir los síntomas de una gripe común y dela gripe A?", la respuesta es: "No se puede. Ustedes lo que tienen que hacer es llamar a los padres y estos, a su vez, a Salud Responde". Que por lo que han comentado algunos compañeros, la tal Salud (así se llama una prima mía) responde según le dé.
Lo que me ha terminado de cabrear ha sido este consejo:
-Que ampliemos la distancia en clase entre alumno y alumno. Como diría mi admirado Luisma: "¡Me parto y me mondo!". Esto no es más que otra de las muchas muestras de desconocimiento general de la VERDADERA situación de la educación en Andalucía. Señores, nos quitan profesores porque dicen que no hay dinero y luego se lo gastan en portátiles, que no hacen NINGUNA falta, pero que quedan infinitamente mejor en un telediario. Eso sí, lo que no cuentan es que luego los alumnos pueden pasar tres y cuatro horas frente a esos carísimos ordenadores sin un profesor que les dé clase, porque para eso, no hay dinero. A lo que iba, que me caliento: que aumentemos el espacio en clase entre alumno y alumno. ¡Por favor! Si tenemos grupos de la ESO con no menos de 30 alumnos por clase (eso es una barbaridad) y los primeros de Bachillerato de mi centro están a 39 y a 36 alumnos. Las tan cacareadas aulas TIC tienen la siguiente disposición: 5 filas de 6 alumnos con un ordenador para cada 2. A ver, hacemos las cuentas: 5 X 6 = 30. ¿Y el resto? Imagináoslo: en mesas anexas, apretujados. Tíos y tías como castillos. En cuestiones pedágogicas y de organización de la clase, prefiero ni entrar. Y vienen estas con semejantes tonterías. Y lo peor es que me hacen quedarme todo el día por ahí para escuchar esta sarta de disparates.
Siento la parrafada, pero es que estoy que reviento. Y ya que no hay huevos de hacer una huelga general (y os aseguro que la cuestión monetaria no sería lo primero en mi lista ni en la de muchos), sólo me queda el derecho al pataleo. Ejercido queda.
Otra vez están igual. Cada vez que oigo sus voces, me vienen a la memoria otras: -¡Niñaaaaaaaa! ¡¡¡Sube p' arriba que ya está la merienda!!!
-¡¡¡Andreeeeeeeeés!!! ¡¡¡Me voy a cagar en tu p... madre como no subas ahora mismo!!!
-¡¡¡Mamaaaaaaaaá!!! ¡¡¡Échame cinco duros para chucherías!!! -¡¡¡Niñaaaaaa!!! ¡Busca a tus hermanos! Y cómprame un paquete de tabaco. -¡¡¡A cenaaaaaaaaar!!! ¡Como venga tu padre y no estéis cenados..! -¡¡¡Mamaaaaaaá!!! ¿Me puedo quedar un ratito más? -¡No! Tira ya pa' casa.
O el protagonista de la banda sonora de mi infancia: el silbido de mi padre. Mientras mi madre y sus vecinas se desgañitaban por el balcón (la mía solo en ocasiones especiales, hay que decirlo, pero la Pili, la madre de mi amigo Andrés, era para oírla), mi padre era mucho más práctico: emitía un silbido breve, pero agudo, de esos que te reventaba el timpanillo y, entre el aturdimiento y la mirada que echaba, bastaba con un simple movimiento de cabeza para que quedases sometida a su voluntad. Yo tenía el convencimiento íntimo de que el silbido de mi padre era emitido en una frecuencia que sólo captábamos nosotros tres.
Hoy, veintitantos años más tarde, lo que entra por mi balcón ahora mismito es (transcripción cutre de oídas): -¡¡¡Amumbu, kana potitare...!!!-voz femenina a grito pelao. La mujer parece que se ha tragado un subwoofer. Alguien habla más bajo (el hombre, supongo). Y la otra, que sigue: -Aneta, muja cue, muja cue. O lo juto juto. Nagasa situa bantano sintoe... Así, tres o cuatro líneas más. Y el hombre que vuelve a hablar más bajo. Eso sí, cuando se le oye, se acaba la discusión. Así, durante hora y media, dos horas, cada vez que discuten. Que es, mínimo, una vez por semana. Resulta desasosegante escuchar semejantes voces discutiendo en un idioma que no conoces y que suena como suena. Parece que los tengo metidos en casa. ¿Eso no se puede considerar contaminación acústica? Aunque me ha venido bien, porque justo estoy leyendo una de piratas, el prota anda por África y casi creo que los indígenas cobraban vida.
Qué exótico es mi barrio. Lo que me divierto (porque no puedo evitar reírme, lo siento). Y cómo echo de menos los gritos de la Pili. Por cierto, si alguien me puede traducir la transcripción cutre, se lo agradecería. Ya sabéis, mi vena cotilla.